domingo, 24 de febrero de 2008

I Parte




Se hallaba frente al televisor apagado, no lo miraba, él a ella si, podía ver como todos los objetos de su casa confluían en ella, simplemente le aterraba tal idea, decidió salir a dar una vuelta, cogió las llaves, el bolso, la chaqueta y, finalmente revisó que llevaba encima el móvil; no esperaba ninguna llamada más siempre le acompañaba consigo.

Conforme salió del portal encendió un cigarrillo, estaba inquieta, insegura, no sabía porque aquella extraña sensación se apoderó de su ser, y pensó que las caladas de un cilindro relleno de tabaco, borrarían la escena anterior.

Quería caminar hacia ninguna parte, pero eso con ella no funcionaba, sabía a donde se dirigía, sabía a donde quería llegar, esperaba encontrar asilo, respuestas, confort y comprensión.

Sin pensarlo ni un segundo más decidió ponerse en marcha, la calle estaba solitaria, como casi siempre, no era un barrio transitado en exceso, más bien de pensionistas, amas de casa y algún que otro estudiante.

De repente un gato negro emergió de las sombras, se miraron y aquel animal misterioso decidió acompañarla en su paseo, ella lo agradeció; las pocas personas que decidieron zambullirse en la noche miraban con extrañeza aquella estampa.

Ellos optaron por hacer caso omiso a aquellos ojos que se clavaban en sus figuras difusas y decidieron proseguir su marcha.

Inusualmente su teléfono comenzó a sonar, la extraña pareja se miró y una fina lluvia comenzó a mojar sus rostros, decidieron refugiarse en un portal cercano, cuando el camión de la basura hizo su entrada triunfal de luces y sonidos.

1 comentario:

El Náufrago dijo...

Una mujer, un gato, la calle y la lluvia...esta historia está en blanco y negro, darle color sería borrarle identidad. Es curioso cómo a veces los colores sobran y una gama de grises configuran un mundo donde el arcoiris no tiene espacio.

Un abrazo,
El Náufrago.

P.D.: La vin como se nota la envidia... ;)